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Los crímenes del obispo

S.S. Van Dine
¿Rubinstein le daba mate a Pardee con el alfil? Análisis de la posición ajedrecística que forma parte de la trama en la novela policíaca de S.S. Van Dine.

Los crímenes del obispo (colección Dragón de la editorial Arte y Literatura, La Habana-1983) de S. S. Van Dine es una novela que, como amante del género, recomiendo a mis semejantes. Aunque mucho más con las matemáticas, este policíaco está un tanto relacionado con el ajedrez y tal tópico es lo que inspiran estas cuartillas.

Willard Huntington Wright, más conocido como S.S. Van Dine

S. S. Van Dine, seudónimo de Williart Huntington Wright, nació el mismo año que José Raúl Capablanca, 1888, pero murió tres años antes (1939). En su obra de ficción mezcla tranquilamente a personajes reales y así, leemos varias veces el apellido Capablanca y otros que fueron grandes del tablero en la época.

El clímax de esta fusión se alcanza cuando John Pardee, uno de los personajes principales del libro y en él, inventor del Gambito Pardee, sostiene una crucial partida –la última de un match a tres- con Akiba Rubinstein, el mejor ajedrecista polaco de todos los tiempos. Y, claro, en el famoso Manhattan Chess Club, donde por cierto, le vino el ataque de muerte, el 7 de marzo de 1942, al ajedrecista cubano que fue Campeón Mundial de 1921 a 1927. Falleció al día siguiente.

El 7 de marzo de 1942, en  Manhattan Chess Club fue la última partida de ajedrez de  Capablanca

Un diagrama muestra el momento cumbre de la partida y en la propia hoja hay un asterisco que dice “En beneficio del ajedrecista experto, académicamente interesado en conocer la posición exacta del juego, en el momento que Pardee se rindió, damos a continuación la misma”. Y se escribe la posición: Blancas (Pardee) Rb1, Tc8 y peones en a2 y d2. Negras (Rubinstein): Rd4, Aa3, Cb4 y peones en b2 y c2:

Pardee - Rubinstein

Agrega el libro que “juegan las blancas y las negras dan mate en cinco jugadas. La última jugada de las negras fue c2 jaque”.

Analicemos el diagrama:

Es evidente que la jugada anterior de las blancas fue un movimiento de torre, puesto que sus dos peones están en las casillas iniciales y su rey se encontraba ahogado. Así pues, para llegar a esta posición ganadora de las negras… una jugada antes estaban perdidas.

Vayamos una jugada atrás. Coloquemos nuevamente el peón negro en la cuadrícula c3. No sabemos dónde estaba la torre blanca, pero sí era en las casillas c6 o c5, hacía Txe6. Si estaba en c7, pues dxc3+ y en los dos ejemplos las blancas ganan.

Muy mal ajedrecista el Pardee que nos pinta Van Dine con esa última jugada suya… ¡frente a Rubinstein!, Tc8. En cualquier casilla de la octava fila que estuviera la torre blanca, jugaban dxc3+; las negras hacen Rxc3, y ahora especulemos sobre la torre blanca.

Libro " Los crímenes del obispo "

Digamos que no estaba en a8, pues seguiría Txa3+, y justamente hacia aquella casilla es que iría en este momento el castillo blanco: Ta8, amenazando Txa3, que las negras no pueden evitar, ya que si jugaran Cc2 protegiendo a su obispo, las blancas darían jaque con su torre en c8 y ganarían el caballo.

Llegando a este punto, podemos calificar la posición del diagrama como de ficción. Démosla ya como hecha y veámosla a partir de su existencia. Estamos otra vez frente al tablero.

Una Nota del Autor reza textualmente: “Las cinco jugadas para dar mate, no efectuadas por las negras, tal como Vance me indicó después, son las siguientes: 45.Txc2 Cxc2 46.Rxc2 b1:D+ 47.Rxb1 Rd3 48.Ra1 Rc2 49.d3 Ab2++”.

Ciertamente son rarísimos, ¡sui-géneris!, los casos en ajedrez en que un alfil, o sea, alfil y rey, propinan jaque mate al monarca rival, quien siempre ha de contar con alguna fuerza que obstruya a su alteza real, ya que, como se conoce, alfil y rey contra rey no matan.

Veamos el más curioso de los detalles. Se asegura un mate en cinco… y ciertamente lo hay, pero ¿Rubinstein le daba mate a Pardee únicamente con el alfil? ¡Desde luego que no!, puesto que las jugadas que se exponen en el texto no son forzadas.

Luego de 45.Txc2 Cxc2 las blancas pueden seguir con 46.d3. Y las negras se ven impedidas de tomar el peón con el rey, o de retirar su caballo, ya que sería tablas por ahogo.  Verdad que las negras dan mate en cinco de todos modos, pero ¡no con el obispo!, sino con el caballo .Veamos: 46.d3 Rc3 47.d4 Alfil a cualquier casilla (amenazando mate con Ca3, por lo que hay que mover el peón torre) 48.a4 Rb3 49.Cualquier movimiento de peón, Ca3++.

¿Rubinstein le daba mate a Pardee con el alfil?...

Hay una tercera fórmula para matar, igualmente en cinco, y con el caballo como único protagonista después de la tercera movida; 47.d4 Ce3 48.d5 Cf1 49.d6 Cd2c++. Por supuesto, que el caballo puede escoger también el recorrido e1-f3-d2.

Pero, claro, la intriga literaria no es sobre los crímenes de un corcel negro, sino de un OBISPO. Y en el ajedrez, el obispo es el alfil. Van Dine necesita que el obispo negro sea quien le gane a Pardee…

¡Y pudo haberlo logrado de manera forzada! Situémonos otra vez en la posición del diagrama. Ahora saquemos de ella al caballo y pongamos otro alfil al servicio del ejército de Rubinstein en la casilla a4. Entonces sí se lograría el espectacular mate que aparece en la novela, ya que a 45.Txc2 Axc2+ hay que hacer obligatoriamente Rxc2 y continúa la combinación original expuesta por el autor hasta que Pardee recibiera las dos cruces (++) con el obispo de ébano.

Van Dine debió haber utilizado la posición con los dos alfiles en lugar del alfil y el caballo. O… ¿prefirió no sacrificar un obispo en la combinación? ¿Qué si esta partida entre Rubinstein y Pardee tiene que ver con el asesino, con algún crimen, con el obispo…? De eso entérese leyendo a S. S. Van Dine, que estas cuartillas solo han sido de recreación ajedrecística para los amantes del juego en el que los obispos transitan pacíficamente por diagonales y ahora comúnmente llamados alfiles.

Por Jesús G. Bayolo


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