Dos anécdotas relacionadas con Marshall

Frank Marshall
Marshall ganó todas y no ganó

Ganar todas las partidas de un torneo es algo espectacular, tanto, que muy pocos lo han consentido. No tengo una relación completa de tales hazañas, pero podemos ver algunos ejemplos.

Puedo asegurar que entre mujeres lo ha logrado Vera Menchik en los campeonatos mundiales de Praga1931 (8), Folkestone 1933 (14), Varsovia 1935 (9) y Estocolmo 1937 (14). También Nona Gaprindashvili, en un torneo en Belgrado 1971 (13 partidas).

Entre hombres tenemos a Lasker (torneo internacional de Nueva York, 1893, en13 paridas), Capablanca (torneo internacional de Nueva York, 1913, en 11), Fischer (campeonato de los Estados Unidos, 1963/64, en 11), Taimanov (en Helsinki 1967, en 9).

En Cuba tenemos una curiosa coincidencia: dos García con 11-0 el mismo año, 1971. Primero fue Guillermo García, quien ganó así el campeonato juvenil en Sana Clara, mientras que en uno de los grupos semifinales del Torneo Mayor el MN Gilberto García barrió con sus 11 oponentes.

Para el final, lo mejor de esta historia: el norteamericano Fran J. Marshall (1877-1944) jugó un torneo en 1912 en la ciudad inglesa de Richmond en el que ganó sus 44 partidas consecutivas ¡y quedó tercero!

¿Se sorprendió? Yo también cuando lo supe. Sucede que se concedían 7 puntos por victoria entre los de la misma categoría, 8 frente al de categoría superior, 9 si era de dos categorías superiores, etc. La puntuación también fluía en sentido opuesto: 6 frente al de una categoría inferior, 5 frente al de dos, etc.  Marshall era el único de fuerza universal

Una anécdota falsa y otra verdadera

El gran favorito del Torneo de Maestros de La Habana 1913, como se denominó, era José Raúl Capablanca, pero no ganó. Fue el único torneo internacional que jugó en su ciudad natal. Analizó todas las partidas, que se recogieron en forma de libro, y de tal suerte es el único que publicó referente a un torneo.

Hay una anécdota repetida durante años, publicada por Reuben Fine, que dice que Capablanca, desacostumbrado a las derrotas, no era un buen perdedor y rendirse ante su público lo avergonzaba, a tal punto que cuando vio que el hecho era inevitable en su segunda partida con Marshall, exigió al alcalde de la ciudad desalojar a todos los espectadores para que no lo vieran derrotado, y una vez a solas con su oponente inclinó su rey.

Pero el eminente investigador Edward Winter asegura que la historia de Fine no es cierta y que por el contrario, los 600 espectadores presentes, que naturalmente apoyaban a Capablanca, le tributaron al campeón norteamericano Frank J. Marshall una fuerte ovación por su victoria.

El propio Marshall corrobora esta versión: “Cuando escuché el griterío de la multitud creí que me iban a linchar, por lo que pedí una escolta de seguridad para que me llevara rápidamente al hotel. Después me contaron lo que había sucedido en realidad”.

Capablanca, que contaba con 24 años, se molestó mucho en el certamen, no con Marshall quien le superó por medio punto (10,5 a 10), sino con Charles Jaffe, nacido en Rusia en 1877 y subcampeón de los Estados Unidos en 1911 y 1913.

La anécdota verdadera es que acusó José Raúl públicamente a Charles Jaffe de entregarle a Marshall la segunda partida, con un “obsequio” de dama, y de no hacer nada para ganarle en la primera. Tanto fue su enfado, que declaró a la prensa que no volvería a participar en competencias en las que estuviera Jaffe. ¡Y cumplió su promesa!

Por Jesús G. Bayolo


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